ORDEN SACERDOTAL
El Orden Sacerdotal es, según el Catecismo de la Iglesia Católica (numerales 1536 a 1600), el sacramento mediante el cual la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Se clasifica dentro de los sacramentos al servicio de la comunidad, pues su fin no es principalmente la salvación personal del ministro, sino el servicio y la edificación del Pueblo de Dios.
Este sacramento se articula en tres grados jerárquicos esenciales para la estructura de la Iglesia:
- El Episcopado (Obispos): Posee la plenitud del ministerio. Los obispos son los sucesores de los apóstoles y se les confiere la tarea de enseñar, santificar y gobernar una diócesis en comunión con el Papa.
- El Presbiterado (Sacerdotes/Presbíteros): Son colaboradores de los obispos. Mediante este grado, el sacerdote actúa in persona Christi Capitis (en la persona de Cristo Cabeza) para celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados y guiar a la comunidad local.
- El Diaconado (Diáconos): Configurado con Cristo servidor. No reciben el sacerdocio ministerial, sino la ordenación para el servicio de la caridad, la predicación de la Palabra y la asistencia en el altar.
La celebración del sacramento consiste en el rito esencial de la imposición de manos por parte del obispo sobre la cabeza del ordenado, acompañado por una oración consecratoria específica. Este acto imprime un carácter espiritual indeleble (un sello inalterable en el alma), por lo que el Orden no se puede repetir ni cancelar; el ordenado pasa a ser ministro sagrado de manera permanente.
Finalmente, el Catecismo precisa que solo el varón bautizado (vir baptizatus) puede recibir válidamente este sacramento, siguiendo el ejemplo de Jesucristo al elegir a sus doce apóstoles. Además, los obispos son los únicos ministros capaces de conferir los tres grados de la Orden Sacerdotal, asegurando así la sucesión apostólica ininterrumpida a lo largo de los siglos.
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (RESUMEN)
1590 San Pablo dice a su discípulo Timoteo: «Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6), y «si alguno aspira al cargo de obispo, desea una noble función» (1 Tm 3,1). A Tito decía: «El motivo de haberte dejado en Creta, fue para que acabaras de organizar lo que faltaba y establecieras presbíteros en cada ciudad, como yo te ordené» (Tt 1,5).
1591 La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el Bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama «sacerdocio común de los fieles». A partir de este sacerdocio y al servicio del mismo existe otra participación en la misión de Cristo: la del ministerio conferido por el sacramento del Orden, cuya tarea es servir en nombre y en la representación de Cristo-Cabeza en medio de la comunidad.
1592 El sacerdocio ministerial difiere esencialmente del sacerdocio común de los fieles porque confiere un poder sagrado para el servicio de los fieles. Los ministros ordenados ejercen su servicio en el pueblo de Dios mediante la enseñanza (munus docendi), el culto divino (munus liturgicum) y por el gobierno pastoral (munus regendi).
1593 Desde los orígenes, el ministerio ordenado fue conferido y ejercido en tres grados: el de los obispos, el de los presbíteros y el de los diáconos. Los ministerios conferidos por la ordenación son insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia: sin el obispo, los presbíteros y los diácono s no se puede hablar de Iglesia (cf. San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Trallianos 3,1).
1594 El obispo recibe la plenitud del sacramento del Orden que lo incorpora al Colegio episcopal y hace de él la cabeza visible de la Iglesia particular que le es confiada. Los obispos, en cuanto sucesores de los Apóstoles y miembros del Colegio, participan en la responsabilidad apostólica y en la misión de toda la Iglesia bajo la autoridad del Papa, sucesor de san Pedro.
1595 Los presbíteros están unidos a los obispos en la dignidad sacerdotal y al mismo tiempo dependen de ellos en el ejercicio de sus funciones pastorales; son llamados a ser cooperadores diligentes de los obispos; forman en torno a su obispo el presbiterio que asume con él la responsabilidad de la Iglesia particular. Reciben del obispo el cuidado de una comunidad parroquial o de una función eclesial determinada.
1596 Los diáconos son ministros ordenados para las tareas de servicio de la Iglesia; no reciben el sacerdocio ministerial, pero la ordenación les confiere funciones importantes en el ministerio de la palabra, del culto divino, del gobierno pastoral y del servicio de la caridad, tareas que deben cumplir bajo la autoridad pastoral de su obispo.
1597 El sacramento del Orden es conferido por la imposición de las manos seguida de una oración consecratoria solemne que pide a Dios para el ordenando las gracias del Espíritu Santo requeridas para su ministerio. La ordenación imprime un carácter sacramental indeleble.
1598 La Iglesia confiere el sacramento del Orden únicamente a varones (viri) bautizados, cuyas aptitudes para el ejercicio del ministerio han sido debidamente reconocidas. A la autoridad de la Iglesia corresponde la responsabilidad y el derecho de llamar a uno a recibir la ordenación.
1599 En la Iglesia latina, el sacramento del Orden para el presbiterado sólo es conferido ordinariamente a candidatos que están dispuestos a abrazar libremente el celibato y que manifiestan públicamente su voluntad de guardarlo por amor del Reino de Dios y el servicio de los hombres.
1600 Corresponde a los obispos conferir el sacramento del Orden en los tres grados.